Una cocina bien reformada se decide en el plano, no en la obra: dónde van el fregadero, la placa y el frigorífico, a qué altura se coloca la encimera, cuántas tomas hacen falta y dónde, y qué luz cae sobre la zona de trabajo. Después viene la obra: demoler, tirar o abrir el tabique al salón cuando no es de carga, pasar la instalación eléctrica con sus circuitos independientes para horno, placa y lavavajillas, renovar la fontanería, resolver la salida de humos de la campana, alicatar, colocar el pavimento y montar los muebles y la encimera con los electrodomésticos encajados. En Paterna la petición más repetida es abrir la cocina cerrada de los años setenta al comedor y ganar una barra o una isla. Si su cocina está bien pero los muebles han envejecido, también cambiamos solo el mobiliario y la encimera en pocos días. En cualquiera de los dos casos Socon Valencia mide, dibuja y presupuesta cada partida antes de empezar.
Paterna reúne en un mismo término tres formas de vivir. El casco, con la Torre y el barrio de cuevas excavadas en la roca que todavía se habitan y se rehabilitan con criterios de humedad y ventilación muy particulares. Los barrios de bloques de los años setenta y ochenta, como Alborgí o Campamento, con pisos de sesenta a noventa metros que se redistribuyen y se aíslan. Y las urbanizaciones de chalets de La Cañada, Terramelar, Valterna o Lloma Llarga, con viviendas unifamiliares de dos y tres alturas, parcela y garaje, donde se pide aislar fachada y cubierta, cambiar carpinterías, abrir la cocina al comedor y rehacer baños que se quedaron en los ochenta. El acceso en obra es cómodo en las urbanizaciones y hay que planificarlo en el casco, con calles estrechas y en pendiente hacia el río.
La dirección de cada una y cómo llegar.
Lo mismo que verás desglosado, partida a partida, en el presupuesto.
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