La cocina concentra más instalaciones por metro cuadrado que ninguna otra estancia: agua fría y caliente, desagües, gas o inducción con su línea dedicada, extracción, tomas para media docena de electrodomésticos y, cada vez más, una salida para el lavavajillas donde antes no había ninguna. Por eso una reformas de cocinas en Madrid bien hecha se decide sobre el plano del mobiliario, no al revés: la posición de fregadero, placa y frigorífico fija dónde van las tomas, y cambiarlas después de alicatar cuesta el doble. En las cocinas de los bloques de los años setenta la reforma suele incluir abrirla al salón, lo que exige comprobar si el tabique es de carga y, en ese caso, un cálculo de estructura y licencia. El orden habitual es desmontaje, instalaciones, revestimientos, montaje de muebles y encimera, electrodomésticos y remates, en dos o tres semanas. La empresa que le presenta Exhaling coordina todos los oficios y responde de la obra completa.
En Madrid capital cada distrito reforma de una manera. Las fincas del ensanche de Salamanca y Chamberí, levantadas entre finales del siglo XIX y los años treinta, tienen patios interiores, techos altos, forjados antiguos y a menudo un grado de protección en el catálogo municipal que obliga a conservar fachada, portal y escalera y a pasar la obra por la comisión de patrimonio. En el centro, Lavapiés y La Latina conservan corralas y fincas de galería donde la reforma pasa por la estructura y las bajantes comunes. Colonias históricas de casas bajas como la de Fuente del Berro tienen sus propias condiciones de protección. En Carabanchel, Usera o Vallecas dominan los bloques de los años sesenta y setenta, donde lo que más se pide es renovar instalaciones, cambiar ventanas e instalar ascensor. Las obras se tramitan ante el Ayuntamiento de Madrid, en muchos casos a través de una entidad colaboradora urbanística, y en finca habitada las ordenanzas de ruido y los estatutos de cada comunidad marcan horario y accesos.
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