Reformar un piso es reformar dentro de una comunidad: hay vecinos arriba y abajo, un ascensor y una escalera que proteger, horarios de ruido que cumplir y un patio de luces por el que pasan las instalaciones de todos. Por eso la obra se planifica también hacia fuera: aviso por escrito a la comunidad y al administrador, protección de portal y ascensor, contenedor con permiso de ocupación de vía pública y las partidas ruidosas concentradas en las horas permitidas. Dentro, un piso de Alboraya de los años sesenta a ochenta suele pedir lo mismo: tirar el pasillo, abrir la cocina, convertir la bañera en ducha, renovar la instalación eléctrica completa y aislar la fachada por dentro. En las fincas de principios del siglo XX del Eixample y Ruzafa se conservan techos altos, molduras y suelos hidráulicos mientras se renuevan por completo las instalaciones. El jefe de obra de Socon Valencia coordina a todos los oficios y responde ante usted y ante la comunidad.
Alboraya tiene el mar y la huerta a la vez, y eso divide las reformas en dos. Junto a la costa, en Port Saplaya y la Patacona, los edificios de los años ochenta y los más recientes sufren el salitre: carpinterías de aluminio picadas, barandillas oxidadas, hormigón de balcones con armaduras a la vista y persianas que ya no cierran; las reformas allí priorizan carpintería, fachada y humedades antes que la distribución. En el casco, alrededor de la iglesia y el mercado, hay casas de pueblo de dos alturas con patio y bloques de los sesenta y setenta con pisos que se abren al salón y renuevan baños. La huerta de la chufa rodea el municipio y muchas alquerías y casas de huerta se rehabilitan como vivienda con estructura, cubierta e instalaciones nuevas. Alboraya está a diez minutos de nuestra oficina por la ronda norte.
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