Rehabilitar un edificio es actuar sobre lo que es de todos: la fachada que desprende, la cubierta que filtra, el patio de luces por el que bajan las bajantes y el portal que todavía no tiene ascensor a cota cero. La obra empieza con un diagnóstico técnico que muchas comunidades ya tienen en el informe de evaluación del edificio, sigue con un proyecto y una junta que lo aprueba, y se ejecuta por fases con andamio o plataforma, sin que los vecinos tengan que dejar sus viviendas. En Alboraya las fincas de los años sesenta y setenta piden fachadas de ladrillo con grietas y balcones con armaduras oxidadas, cubiertas con la impermeabilización agotada y bajantes de fibrocemento; las de principios del siglo XX, restaurar miradores, molduras y cornisas con criterios de protección. Cuando existen ayudas públicas a la rehabilitación, preparamos con el técnico la documentación necesaria. Socon Valencia presenta a la comunidad un presupuesto por partidas y un calendario que el administrador puede seguir.
Alboraya tiene el mar y la huerta a la vez, y eso divide las reformas en dos. Junto a la costa, en Port Saplaya y la Patacona, los edificios de los años ochenta y los más recientes sufren el salitre: carpinterías de aluminio picadas, barandillas oxidadas, hormigón de balcones con armaduras a la vista y persianas que ya no cierran; las reformas allí priorizan carpintería, fachada y humedades antes que la distribución. En el casco, alrededor de la iglesia y el mercado, hay casas de pueblo de dos alturas con patio y bloques de los sesenta y setenta con pisos que se abren al salón y renuevan baños. La huerta de la chufa rodea el municipio y muchas alquerías y casas de huerta se rehabilitan como vivienda con estructura, cubierta e instalaciones nuevas. Alboraya está a diez minutos de nuestra oficina por la ronda norte.
Lo mismo que verás desglosado, partida a partida, en el presupuesto.
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