El baño es la estancia donde antes se nota la humedad de Asturias, porque al vapor de cada ducha se suma un aire que ya llega cargado de fuera. En los edificios de pisos de El Llano o La Calzada en Gijón, de Pumarín u Otero en Oviedo o de Versalles en Avilés son frecuentes los baños pequeños, muchas veces interiores, con la fontanería de origen y una ventilación que apenas tira, y en ellos el moho acaba apareciendo en techos y juntas. En las casas de aldea y en las viviendas antiguas de los cascos el baño suele estar en un rincón añadido después, junto a un muro de piedra frío o bajo una escalera, con desagües que no siempre tienen la pendiente que deberían. Al reformarlo se resuelve primero lo que no se ve: tuberías nuevas hasta la llave de paso, desagües bien resueltos, una impermeabilización continua bajo el plato y en la zona de ducha, el aislamiento de la pared exterior y una extracción que saque el vapor fuera. Después vienen el cambio de bañera por ducha a ras de suelo, los revestimientos, el toallero y el mueble. Las reformas de baños en Avilés que plantea Tabilec empiezan por medir el baño y comprobar por dónde van la bajante y los conductos.
Avilés vive alrededor de su ría y de un casco histórico de soportales, iglesias y palacios, y al otro lado del agua se alza el Centro Niemeyer. La llegada de la siderurgia trajo barriadas enteras de vivienda para trabajadores, y hoy esos pisos, con su distribución de origen y sus instalaciones cansadas, son buena parte de las reformas de la ciudad. Lo habitual es renovar electricidad y fontanería, rehacer el baño, abrir o reordenar la cocina y cambiar ventanas para cortar el frío y el ruido. En las calles antiguas, cualquier cambio en fachadas, balcones o tejados pasa antes por el ayuntamiento.
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