La cocina reúne en pocos metros casi todas las instalaciones de la casa, y en muchas viviendas palentinas sigue siendo además la estancia donde se hace la vida en invierno. En los pisos de bloque de Palencia capital, Guardo o Aguilar de Campoo es habitual la cocina cerrada y alargada, a veces con un tendedero al patio, y con una instalación eléctrica que no está pensada para un horno, una placa de inducción y un lavavajillas a la vez. En las casas de pueblo de la Montaña Palentina o de Tierra de Campos la cocina suele ser amplia, con muros gruesos, suelos irregulares y, a menudo, una vieja cocina de leña o una chimenea que hay que decidir si se conserva. La extracción importa en cualquiera de ellas: una campana que saque los humos y el vapor al exterior evita grasa en los muebles y condensación en las paredes frías. Al reformar se rehacen la fontanería y los desagües, se crean circuitos eléctricos propios para los aparatos de más consumo, se decide si se abre al salón o se gana una península, y se eligen muebles y encimera a la medida del espacio. Las reformas de cocinas en Guardo de Consespina parten de medir la cocina y ver por dónde puede salir el conducto.
Guardo, en el alto Carrión, fue uno de los centros del carbón de la Montaña Palentina, y su paisaje urbano lo recuerda: barrios enteros de pisos construidos para los trabajadores de la mina en la segunda mitad del siglo pasado. Son viviendas de distribución sencilla, a menudo con baños pequeños, cocinas cerradas, tabiques que se pueden mover y carpinterías que no cierran contra el frío. A la altura del pueblo los inviernos traen heladas y nieve, y el gasto en calefacción hace que muchas familias empiecen por las ventanas y el aislamiento. En los pueblos de alrededor dominan las casas de piedra, donde manda el tejado.
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